30 marzo 2010

A VECES ME ENAMORO

Han pasado tres largos años y miles de aventuras y desventuras que he tendido semanalmente en mi cuerda sin tener en cuenta si llovía, hacía sol o un frío del carajoo. Se me han caído pinzas al patio, descolorido los pantalones vaqueros, he sufrido el destiño asesino de una camiseta verde del mercadillolo y hasta la del tercero me robó una vez un jersey de Cachemira .

Ropa Tendida se despide. Pueden pasar por caja para recoger sus alfileres y sus calcetines huérfanos o divorciados. Nos mudamos.

A veces me enamoro (y me olvido de que existo) será nuestro nuevo punto de encuentro. Les espero.

16 febrero 2010

ECHO EL CIERRE

He decidido cerrar temporalmente. A veces hay que tomar decisiones drásticas para mejorar en lo más ínfimo. Voy a echarles mucho de menos. Espero que a mi vuelta, aún se acuerden del camino hasta mi cuerda de tender.
Para cualquier cosa, hagan uso de la dirección de correo incluída en mi perfil. Para ustedes seré todo orejas, ojos y manos.

Hasta pronto. Sean felices.

15 febrero 2010

LO DE DENTRO/LO DE FUERA

Mi amigo el poeta, trabaja para algo más grande que un banco. En un edificio alto de ladrido almohadillado a orillas del Paseo del Padro, pasa sus ocho horas diarias junto a una secretaria. Es calmado, prudente y una de las personas más inteligentes que conozco.
Para mí es como un hermano. Ese hermano mayor que todos soñamos de críos, sobre todo si el que está en funciones jamás te ha preguntado por qué llorabas en las escaleras del patio.
Confío en él porque puede leer en mis ojos y porque sabe cómo acercarse hasta a mí. Primero rodea la muralla y arroja flores a través de las rejas. Luego cruza el puente levadizo y espera paciente junto a la puerta. Su mirada clara y transparente se intuye desde la garita. Pasado un tiempo, toca con delicadeza la puerta. "Eme, ¿estás ahí? ¿Cómo va todo?". Al escuchar su voz me siento tranquila, pienso: "Por fin, te estaba esperando", y haciendo uso de una pequeña trampilla, le dejo caer un sobre. Dentro de él una hoja, y en la hoja, el siguiente mensaje: "Bueno, ahí andamos, pero no te quiero aburrir". Ambos sabemos que no cabe la molestia y un día de sol acabamos almorzando juntos en el Jardín Botánico.
- Es curioso porque tú das una imagen de seguridad que hace creer a las personas que no necesitas de nadie. Eres siempre tan directa en tus respuestas que das la impresión de que tus esquemas están forjados en hierro.
Pequeñas contradicciones, ésas que nos hacen parecer otros, que nos disfrazan, quizá por miedo, quizá por inseguridad.
- Debe ser mi forma de protegerme, de no mostrarme frágil, tal y como soy por dentro.
Entonces el poeta me explicaba que existen dos clases de personas: las que cuidan, que se preocupan por los demás, y aquellas que, por su apariencia, todos creen vulnerables y por ello, reciben los mimos y atenciones de todos.
- Pero claro, hasta el más "autosuficiente" necesita que se acuerden de él.
A veces nuestras señales no son sólo inconscientes, son tantas que acaban por escaparse de nuestro recuento y se nos descuadra la caja.
Sin embargo, y a pesar de lo que pienso, imagino que soy algo menos de lo que siento y algo más de lo que dejo intuir al resto.

[imagen: babydeco.blogspot.com]

14 febrero 2010

POSTDATA

Quisiera poder
llorarte un río,
llorarte un mar,
un océano.
Llorarte entero.
Llorarte
hasta dejarme
los ojos secos
para no volver
a llorarte más.
Pero entonces
miento.

Postdata: maldito San Valentín.

[imagen: tardamucho.blogspot.com]

12 febrero 2010

DE GRANDE

Leyendo a ele me he entristecido. Ha escrito un precioso post sobre lo que significa entrar en la edad adulta. Ese horrible momento en que tú y tu estrecho flotador con cabeza de pato sois arrojados en mitad de un océano inmenso. ¡Ni siquiera tengo una agenda, joder! -he pensado- así es imposible soñar, imaginar qué ocurrirá mañana o inventar lo que pasará después de un mes.

En una semana, cumplo años. Al soplar la vela -de la tarta prefabricada que seguramente compraré- voy a desear con muchas ganas volver a ser una niña porque de grande no quisiera ser mayor.

DE GRANDE (Fede Comín)

Si ya no se te mueven las ramas
después de haber pasado un ventarrón
Y si no se te ocurre ni patearla
a esa piedra que en tu calle se cruzó
Si ya se te fueron las ganas
de darle batalla al dragón
Si buscas y no encuentras ni en tu casa
tu mundo tu guarida tu rincón...

Si no sueñas ya que vienen del espacio
a darte los poderes para andar
sin tener que cumplir ningún horario
si pasa de moda tu verdad
si miras y no ves por las ventanas
razones para salir a jugar
si juegas un presente sin mañana
si no bailas por temor al que dirán

No te olvides del niño que fuiste
No le creas al gigante que sos
Y recuerda que un día dijiste
De grande no quisiera ser mayor

Si no esperas con locura el 6 de enero
Y dejas solo al bueno de Melchor
Si ya no cubres de barro tus dedos
si atrasa medio siglo tu reloj
si ya no te asustan los payasos
si dan Popeye y cambias de canal
si perdiste la sonrisa con los años
y si te privaste de llorar

No te olvides del niño que fuiste
No le creas al gigante que sos
y recuerda que un día dijiste
de grande no quisiera ser mayor.

...Si me encuentras un día colgado
De un globo rojo y volando hacia el sol
No pienses que estoy exagerando
Sigue vivo el niño en mi canción.

11 febrero 2010

LA SOCIEDAD DE LA DECEPCIÓN

[...] la decepción moderna se ha radicalizado y multiplicado a un nivel desconocido en la historia de Occidente. ¿Por qué? ¿Somos quizá más metafísicos y más propensos al hastío que nuestros predecesores? Seguramente no. Más bien es que no vivimos íntegramente en el mismo mundo. La moda, el hedonismo, el nomadismo tecnológico y afectivo, el individualismo explorador, sostenidos y exaltados por el consumo, [...] nos responsabilizan de nuestra felicidad de manera creciente y al mismo tiempo nos someten a unas exigencias algo dictatoriales que saben vendernos.

Cuanto más dominamos nuestro destino individual, más posibilidades tenemos de inventar nuestra vida, más accesible nos parece la armonía y más insoportable y frustrante nos parece su terca negativa a presentarse. Esto es el imperio de la decepción: esta libertad, vigente en todas las esferas de la vida humana, con fondo de rigor liberal y con la escatología por los suelos. De aquí la «fatiga de ser uno mismo», las tasas de suicidio en alza, las depresiones, las adicciones de toda índole...
De esta configuración surge básicamente una tendencia, no tanto al cinismo cuanto a una forma de pasotismo endurecido y sombrío que nos convierte en los niños mimados de las sociedades de la abundancia.
Y lo que hoy nos decepciona, nos dice Gilles Lipovetsky, no son forzosamente los bienes materiales. Un frigorífico no tiene vida y por poco que cumpla su misión satisfactoriamente seguirá siendo él mismo y no decepcionará. No, nos decepcionan mucho más los servicios públicos, los productos culturales –siempre nos «decepciona» tal o cual película, tal o cual libro–, y los misterios insondables del amor, de la sexualidad, la intensidad vibratoria de nuestras existencias, a menudo obstaculizada. Lo que nos toca lo más inmaterial, lo más específicamente humano, eso es lo que nos hace derramar lágrimas.
¿Y cómo no sentirnos decepcionados, heridos, dolidos con nuestras laboriosas democracias, cuando, pese a tener por «código genético » los derechos humanos, dejan tantos sufrimientos
intactos? [...].

Prefacio de Bertrand Richard en "La sociedad de la decepción" de Gilles Lipovetsky (2008).

[imagen: tobiasgregson.blogspot.com]

10 febrero 2010

MIRADAS

La observo. Tan estirada como un ciprés en el primer entierro del día. Ni el viento, ni el frío pueden con él(la). Mirada perdida en el retrovisor y su mano hierática, sujetando una carpeta. Con la yema de los dedos, delicadamente, se retira el mechón. Cabellera lisa, castaña cobriza del número 16 París Lóreal, de apariencia despeinada, pero cuadriculadamente organizado con horquillas desde las ocho de la mañana.
No puedo dejar de mirar su gesto mecánico, la suavidad con que se coloca el pelo, sin apenas rozarlo con los dedos, como si temiera que fuera a estallar, como si de ello dependiera que el autobús no saliera volando.
Ofrezco mi asiento a un hombre con gorra y bastón, que con energía y malos modos me "pide" que me quede quieta. La niña de porcelana me mira con resignación.
Creo que a veces le gustaría ser un poco yo. Claro que a este lado de la barrera, las cosas tampoco son tan fáciles como las pintas los cuentos libertarios, querida princesa.

[imagen: preparaunaboda.com]