Ropa Tendida se despide. Pueden pasar por caja para recoger sus alfileres y sus calcetines huérfanos o divorciados. Nos mudamos.
A veces me enamoro (y me olvido de que existo) será nuestro nuevo punto de encuentro. Les espero.
Leyendo a ele me he entristecido. Ha escrito un precioso post sobre lo que significa entrar en la edad adulta. Ese horrible momento en que tú y tu estrecho flotador con cabeza de pato sois arrojados en mitad de un océano inmenso. ¡Ni siquiera tengo una agenda, joder! -he pensado- así es imposible soñar, imaginar qué ocurrirá mañana o inventar lo que pasará después de un mes.
En una semana, cumplo años. Al soplar la vela -de la tarta prefabricada que seguramente compraré- voy a desear con muchas ganas volver a ser una niña porque de grande no quisiera ser mayor.
DE GRANDE (Fede Comín)
Si ya no se te mueven las ramas
después de haber pasado un ventarrón
Y si no se te ocurre ni patearla
a esa piedra que en tu calle se cruzó
Si ya se te fueron las ganas
de darle batalla al dragón
Si buscas y no encuentras ni en tu casa
tu mundo tu guarida tu rincón...
Si no sueñas ya que vienen del espacio
a darte los poderes para andar
sin tener que cumplir ningún horario
si pasa de moda tu verdad
si miras y no ves por las ventanas
razones para salir a jugar
si juegas un presente sin mañana
si no bailas por temor al que dirán
No te olvides del niño que fuiste
No le creas al gigante que sos
Y recuerda que un día dijiste
De grande no quisiera ser mayor
Si no esperas con locura el 6 de enero
Y dejas solo al bueno de Melchor
Si ya no cubres de barro tus dedos
si atrasa medio siglo tu reloj
si ya no te asustan los payasos
si dan Popeye y cambias de canal
si perdiste la sonrisa con los años
y si te privaste de llorar
No te olvides del niño que fuiste
No le creas al gigante que sos
y recuerda que un día dijiste
de grande no quisiera ser mayor.
...Si me encuentras un día colgado
De un globo rojo y volando hacia el sol
No pienses que estoy exagerando
Sigue vivo el niño en mi canción.
[...] la decepción moderna se ha radicalizado y multiplicado a un nivel desconocido en la historia de Occidente. ¿Por qué? ¿Somos quizá más metafísicos y más propensos al hastío que nuestros predecesores? Seguramente no. Más bien es que no vivimos íntegramente en el mismo mundo. La moda, el hedonismo, el nomadismo tecnológico y afectivo, el individualismo explorador, sostenidos y exaltados por el consumo, [...] nos responsabilizan de nuestra felicidad de manera creciente y al mismo tiempo nos someten a unas exigencias algo dictatoriales que saben vendernos.
Prefacio de Bertrand Richard en "La sociedad de la decepción" de Gilles Lipovetsky (2008).